Actitud emprendedora

Todo el mundo tiene actitud emprendedora. Solo que la mayoría no la explota adecuadamente.

Hay quien dice que no se debe emprender por necesidad, sino por deseo. Es decir, emprender porque estás en paro y no encuentras trabajo, mal. Emprender porque tienes ganas de hacerlo, bien.

Creo que sí es importante emprender por una motivación y no por un motivo –actitud versus idea–. Pero cualquier forma de emprender es buena. Unas llevarán a un fracaso probable, otras a un éxito en el que se ha peleado con uñas y dientes cada batalla. Pero la mayoría serán de las primeras. Emprender, aunque sea por probar. Y aprender de los errores. Algo difícil en esta cultura acostumbrada a penalizar el error y a criticar el salir de lo establecido, la actividad empresarial y el asumir riesgos.

Que le den a la cultura. Si te apetece, hazlo. Su crees que es una salida viable, hazlo. Hazlo y aprende. Falla y repite. Acojona; fácil no es. Lo sé muy bien.

El mundo es de los emprendedores. Los verdaderos fracasados son los que buscan un empleo seguro. Si es que aún alguien cree que eso existe. Incluso dentro de la administración, en la que lo único seguro que yo veo es que la mitad de los puestos, sobran.

Y hablando de administración –que es la que debería incentivar esa actitud emprendedora– tal vez sea el mayor bache para un emprendedor. Estorba más que ayudar; eso todos lo sabemos. Con una carga impositiva asfixiante y una montaña burocrática totalmente absurda.

Menos mal que estamos en un mundo global. Nadie está diciendo que sea obligatorio emprender en España. Al menos si tienes oportunidad de hacerlo en lugares con más facilidad para arrancar. Y global significa, además, que ni siquiera tienes que emigrar para hacerlo. Hay alternativas muy factibles. Hay quien me llamará apátrida, pero para mí no hay mayor apátrida que el propio Estado.

Por cierto, ya que hablamos de emprender, quitémosle hierro al asunto. Porque un emprendedor no es más que un iniciador. Alguien que hace algo que otras personas no están haciendo. O sí, pero no de la manera que él quiere. Olvidemos la burocracia, e iniciemos más proyectos. Personales, profesionales, o sociales. En tu propia empresa, o por tu propio riesgo. En tu casa, o en el mundo.

Buenos días, y buena suerte.

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