Un pequeño experimento

Somos adictos. Todos. Adictos a nosotros mismos. Es un concepto que puede sonar raro y que explicaré en más detalle en otro artículo: somos literalmente adictos a la química que fabrica nuestro cerebro. Si nunca te los has planteado, te recomiendo que te preguntes, ¿a qué hábitos y emociones eres adicto? Yo tengo claras varias de mis adicciones, pero probablemente haya otras muchas que desconozca. Hoy quiero escribir sobre una de ellas, una que está muy extendida entre la mayoría de la gente. Y también sobre un pequeño reto que me he propuesto; se me puso la carne de gallina cuando se me ocurrió, lo que demuestra que la adicción es real.

Yo soy adicto… a pensar

Llevo un tiempo meditando a diario, y he instaurado el hábito de crear mi día. Eso ya ha sido un reto importante para mí. Pero aún así, la mayor parte del día la paso con la mente proyectándome al futuro. Hay personas cuya mente les proyecta principalmente al pasado, en mi caso es al revés. Lo ideal, realmente, para alcanzar la plenitud, es que nuestra mente esté en el aquí ahora al menos un 80% del tiempo. El resto del tiempo, es lógico que se vaya al pasado, para recordar y aprender; y al futuro, para planificar. Yo, a día de hoy, creo que solo consigo ese ideal aproximadamente un 30% de mi tiempo. Y ya me parece bastante… antes de tomarme en serio la meditación y el mindfulness, no creo que llegase ni tan siquiera al 10%. Afortunadamente, gracias a la práctica constante de estas dos herramientas cada día avanzo un poco más. Y cada día disfruto más de todo lo que hago. Fluyo mejor, lo que también se refleja en la calidad de mi trabajo y mis aficiones. Y, por supuesto, en mi calidad de vida.

Soy más feliz a diario, en definitiva. Tengo claro que no hay camino hacia la felicidad, si no que la felicidad es el camino (aunque muchas veces lo olvido, tengo que reconocerlo). Pero no quiero dispersarme… como decía, la meditación y el mindulness me han ayudado mucho últimamente, pero esa adición a pensar sigue ahí; a veces me desborda.

Por eso, me he propuesto un reto, a modo de experimento:

Voy a pasar un día entero sin pensar. Algo evidentemente imposible, los pensamientos siempre van a estar ahí. Pero mi foco estará en dejarlos pasar, y traer de nuevo mi mente al aquí y ahora. Es básicamente lo que hacen los expertos meditadores, y es una capacidad que mejora con la práctica. Yo no tengo esa práctica necesaria, pero voy a pasar un día entero haciendo un “como si…”. Para ello, a continuación defino muy bien la intención y las características de este experimento.

La intención del experimento:

Primero de todo, jugar, probar, experimentar. Comprobar cómo me siento durante, y después. Ser consciente de la dificultad y de cómo sortearlo. Pretendo que me sirva de ejemplo para aprender y aplicarlo poco a poco en mi día a día.

La preparación:

Llevo más de dos semanas dedicándome a cerrar algunos temas pendientes. Es importante liberar mi mente de pensamientos recurrentes debidos a tareas por hacer. He despejado mi agenda para ese día.

El procedimiento:

    • Me levantaré temprano, tomaré un desayuno frugal y me internaré en algún lugar tranquilo en medio de la naturaleza.
    • Saldré de casa sin móvil, libros… absolutamente nada más que las llaves de casa, una botella de agua, una libreta y un bolígrafo.
    • La libreta y el bolígrafo son un seguro para poder mantener libre mi mente. Es inevitable que todo tipo de pensamientos ataquen mi mente, y pondré mi foco en dejarlos pasar. Para poder conseguirlo, cuando un pensamiento sea recurrente o parezca importante, lo anotaré inmediatamente para poder liberar mi mente.
    • Practicaré varias posturas en el suelo, pasearé en ciertos momentos para liberar el cuerpo… siendo en todo momento consciente del aquí y el ahora. Observando los colores del entorno, la luz, los sonidos que me rodean, las sensaciones de mi cuerpo…
    • Cuando me entre hambre, volveré a casa para comer. Mientras cocino, estaré plenamente concentrado en mi tarea, observando cómo los alimentos van cambiando su estado, textura, color… Mientras como, procuraré hacerlo con calma, acompasando mi respiración y prestando atención a cada bocado. Escucharé a mi cuerpo y a sus señales de saciedad.
    • Tras comer, echaré una pequeña siesta. Este es quizá el momento más difícil… tengo asociada la siesta a organizar mentalmente el resto de la tarde. Pero creo que el tener clara la intención de ese día, y haber despejado mi agenda, me ayudarán.
    • Tras la siesta, volveré a la naturaleza, siendo consciente de cada paso en el paseo. Continuaré con el mismo proceso de por la mañana. Terminaré la jornada cuando anochezca, habiendo disfrutado seguramente de una excelente puesta de Sol.
    • Una vez de vuelta en casa, escribiré mis resultados e impresiones para compartirlos en este blog. Ahí sí, pensaré.
    • Procuraré mantener la dinámica de no pensar el resto de la tarde-noche. Quizá haga algo de limpieza en casa, quizá cocine, quizá me dé un baño o quizá escuche algo de música clásica prestando atención a cada nota, a cada compás.
    • Y, sobre todo, permaneceré en ese estado cuando me vaya a la cama… hasta el día siguiente por la mañana, en el que dejaré a mi mente que se explaye y se dé un atracón a pensar ;)

Cuándo

El experimento lo llevaré a cabo el lunes 2 de diciembre. Los resultados los publicaré, probablemente, al día siguiente.

Y tú, ¿te animas a probar?

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