La diferencia entre Pasión y Pajas mentales

Hay muchos tipos de pasiones guiadas por sueños. A menudo son de tipo creativo. Todos necesitamos expresar nuestro artista interior, pero no necesariamente esa es nuestra pasión.

Por ejemplo: sueñas con ser un guitarrista de éxito. Pero pasar horas pelándote los dedos con las cuerdas de la guitarra, repitiendo obsesivamente cada riff, exponerte a menudo y tocar en cuchitriles… Eso no es para ti. Es tu “pasión” y mereces vivir tu “sueño”. Solo te interesa el resultado y no el proceso. Pues tu sueño, perdona que te lo diga, es una paja mental.

Si tienes una verdadera pasión, estás a cada momento deseando mejorar, probar, hacer. Te encanta el proceso, te encanta aprender más, el trasfondo de lo que haces. Profundizar, exponerte, ir más allá de tus límites. Esforzarte. Y, curiosamente, va acompañada de una cierta dosis de talento. A veces de ese talento natural que es más excaso que los unicornios voladores. Más a menudo, de ese talento que se consigue con la práctica. Con la práctica intensa, deliberada, y constante. A través de los años.

Y el tiempo corre en tu contra. Tic, tac. Tiger Woods cogió su primer palo de golf cuando tenía menos de dos años. Ganó tres Abiertos de EEUU Amateurs consecutivos antes de los veinte. ¿Talento natural, o talento trabajado obsesivamente a lo largo de más de quince años?

¿Crees que tienes una verdadera pasión? ¿Estás dispuesto a pagar el precio? Adelante.

Y si no, deja de hacerte pajas mentales. Dedícate a lo que mejor se te dé. Ahí reside tu talento. No busques más. La búsqueda constante no te lleva a ningún sitio. Tras cruzar la esquina de la insatisfacción, aparece más insatisfacción.

Ama lo que haces bien. Pon todo tu corazón en ello.

Tal vez sea lo que ya estás haciendo, ahora. Tal vez lo odies. Pero tal vez lo único que necesites sea cambiar de entorno, no de profesión. Reinventarse es caro. Piensa bien si quieres pagar el precio. Es más rentable cambiar de empresa, industria o forma de trabajar. Algo acorde con tus Valores.

Creo que ya está bien de tanto reinventarse. Propongo mas bien redescubrirse. Si quieres reinventarte, que sea porque de verdad has conectado con lo que tú eres. Con esa pasión obsesiva que te motiva a seguir, independientemente de a dónde llegues. O porque te gustan los nuevos retos. O por necesidad, incluso.

Tenemos una capacidad asombrosa de adaptación. De cambiar, aprender. Pero todo tiene un precio. Ámalo, o déjalo. Pero hagas lo que hagas, pon todo tu corazón en ello.

Si no, estás perdiendo el tiempo.

Y la vida, querido amigo, está hecha de tiempo.

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