De qué hablo cuando hablo de fluidez

Este reto de aprender francés en un mes ha generado más debate e interés del que pensaba. Una de las cosas que más motivan a continuar es que mucha gente de mi alrededor se está animando a darle un impulso a sus idiomas. Y no necesariamente el francés. Aunque, sin saberlo… ¡estaba rodeado de gente que habla francés! Ya lo he comentado en un artículo anterior, pero es que los francófonos en mi entorno han aparecido como setas, deseosos de darle uso a la lengua que puede convertirse en la más importante del futuro.

Desde que empecé, mucha gente me ha preguntado si realmente es posible hablar con fluidez un nuevo idioma en solo un mes. Personalmente estoy convencido de que así es y, sobre todo, de que se puede hacer sin la necesidad de estudiar. C’est très possible! Porque estudiar es la peor forma de empezar a aprender… no digo que no sea necesario estudiar, pero no para alcanzar la fluidez. Estudiar es algo imprescindible si queremos llegar a dominar una materia, en este caso, un idioma. Pero la fluidez se consigue a través de la práctica. Y para eso, en el caso de los idiomas, hay que empezar a hablar desde el minuto uno.

Todo lo demás es intentar dominar la materia sin haberla probado antes. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre el dominio y la fluidez?

Cómo alcanzar el dominio en cualquier idioma

Es muy sencillo. Estúdialo y practícalo durante al menos veinte años, todos lo días. Aún así aún habrá matices que se te escaparán. ¿Dominas completamente el castellano? Estoy seguro de que mucha de la gente que respondería afirmativamente a esa pregunta realmente no lo hace. Si no, no oiría tantos errores gramaticales a diario. Y yo no me libro, tampoco…

Sin embargo, siempre he sido muy exquisito con el lenguaje. Me gusta hablar y escribir bien, y cuando descubro que hay algo que estoy haciendo mal, procuro mejorarlo. Nunca me enfado porque me corrijan; todo lo contrario: lo agradezco. Pero ese perfeccionismo no ayuda a la hora de aprender un nuevo idioma.

Y es que a veces ridiculizamos a las personas que hablan mal. Sea nuestro idioma, o sea un idioma extranjero. Muchas bromas con la alcaldesa de Madrid, pero ¿cuántos de los que se ríen de ella serían capaces de hacer un discurso entero en inglés? Y no me vengan con excusas del tipo pero es que gente como ella debería saberlo por estar donde están, porque no me valen. A los políticos no se les paga por hablar inglés, se les paga por gestionar una localidad, una comunidad o un país. No digo que lo hagan bien, tampoco que lo hagan mal. Pero la mayoría realmente no necesita el inglés. Si no, lo sabrían.

Sin embargo, es posible que tú sí lo necesites. Yo lo necesito. Al menos, lo quiero. Y el francés. Y el alemán. Y el chino. Para mí es positivo todo lo que sea abrirme puertas a conectar con otras personas, a viajar, a conocer otras culturas, a tener otras oportunidades laborales… Y los idiomas son una de las llaves para abrir esas puertas.

Para mí los idiomas siempre han sido importantes, pero hasta ahora se me habían resistido. ¿Por qué? Porque intentaba dominar el idioma antes de hablarlo. Quería saber hablar perfectamente antes de abrir la boca. Y así no se aprende. Así, solo se estudia. Y pasan los años y sigues poniendo en tu currículum que tienes inglés medio rezando para que no te hablen en inglés en una entrevista.

Por lo tanto, no hay que empezar por dominar el idioma para hablarlo, sino hablarlo para llegar a dominarlo.

Y de eso trata la fluidez…

Cómo alcanzar la fluidez en cualquier idioma

Esto ya no es tan fácil como lo anterior. Debería serlo, pero hay una razón de mucho peso por la que nos resulta tan difícil y costoso alcanzarla. Y es el miedo.

¿Te sorprende? Acabo de escribir sobre el perfeccionismo inherente a dominar realmente un idioma. Pero ese mismo perfeccionismo es el que nos frena a la hora de alcanzar la fluidez. Y el perfeccionismo generalmente se alimenta del miedo. Habitualmente, del miedo al rechazo, al ridículo, a no ser suficiente… cada uno tendrá el suyo.

Ojo, digo que generalmente se alimenta del miedo, porque también existe un perfeccionismo sano. Es el perfeccionismo asociado a la mejora constante, a crecer cada día un poco más, a crear algo realmente redondo. El kaizen de los japoneses.

Pero, ¿qué tipo de perfeccionismo crees que es el que predomina a la hora de aprender un nuevo idioma? Yo supongo que una mezcla de ambos. Sin ese deseo de mejora constante ni siquiera intentaríamos aprenderlo, ¿no? Pero el que nos limita y nos hace avanzar más lentos de lo que nos gustaría es ese perfeccionismo que nace del miedo. Es un perfeccionismo que intenta protegernos, pero no es útil, ni efectivo.

La fluidez, por tanto, se alcanza olvidándose de ese perfeccionismo. Cometiendo errores, incluso a propósito. Atreviéndose a hablar, aún cuando solo eres capaz de hacerlo como Tarzán.

 

Hola, yo llamar Diego, ¿tú cómo llamar? Gracias por hablar con yo, tú ser mucho bueno persona. 

 

El modo Tarzán es el primer paso para empezar a hablar fluido. Porque poco a poco te irás familiarizando con las estructuras gramaticales básicas. Después, aprenderás a conjugar y sabrás hablar en tiempo presente en vez de en infinitivo. Todo un avance. Con eso aprenderás a preguntar de varias formas, y una vez que domines la pregunta, Ya tienes la mitad hecho. Preguntando se llega a Roma. Preguntando te interesas por la gente, y la gente lo agradece. Luego empezarás a conjugar los verbos en futuro, y por último en pasado.

Lo que te dará la fluidez es que no habrás esperado a dominar todas las estructuras gramaticales para empezar a hablar, sino que habrás empezado utilizando las que conocías. Es decir, habrás comenzado por adquirir experiencia.

Suena difícil, pero no lo es. Al menos, no lo es si tienes el método adecuado.

Cómo es un buen método para aprender idiomas

 

No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer. —Wolfgang Goethe 

Un buen método se basa en crear la experiencia del idioma. Porque de esta forma, tu mente creará nuevas conexiones neuronales. Y para eso hace falta hablar desde el primer momento. Es cierto que cuando somos bebés nos pasamos muchos años escuchando sonidos antes de hablar. Y escuchar es muy importante al aprender un idioma (por eso tengo de fondo casi todo el día la radio francesa). Pero ni somos bebés, ni tenemos la misma forma de aprender que ellos. Aunque no lo creas, tenemos la capacidad de aprender un idioma mucho más rápido de lo que lo hace un niño pequeño.

Sé que siempre se envidia la capacidad de aprendizaje de los niños, pero no es en absoluto mayor que la de un adulto. Todo lo contrario. La única ventaja con la que cuentan los niños es lo que no tienen. Normalmente no tienen:

  • creencias limitantes (no se me dan bien los idiomas, soy muy mayor para aprender, el inglés es muy difícil…),
  • ni hábitos destructivos,
  • ni prejuicios (que no son otra cosa que creencias limitantes).

También se habla de la curiosidad infinita de los niños, y de su capacidad de sorpresa. Y tampoco estoy de acuerdo… esa curiosidad y esa sorpresa vienen de que todo es nuevo para ellos. Una vez que ya conocen algo, no se sorprenden por ello de la misma forma*. Quizá lo hagan unas cuantas veces, pero a nosotros también nos pasa. Hay cosas que nos sorprenden una y otra vez.

En definitiva, hay que quitar, no añadir. Fuera prejuicios, miedos, paradigmas… ¿Se puede hablar con fluidez un idioma en un mes? Por supuesto. ¿Se puede hacer en una semana? Estoy seguro de que sí. ¿Se puede conseguir en un fin de semana? Sí y no. Hay una cosa evidente: cuanto más rápido, fluido y perfecto quieras hablar, más tiempo tendrás que dedicarle a la práctica. Pero poder expresarte mejor que nunca y el trampolín para conseguir la fluidez total no requiere más que unas pocas horas. Después, con otras pocas horas de práctica todo vendrá rodado. El estudio viene más adelante, cuando quieras perfeccionar ciertos matices. Si quieres aprender de verdad,empieza por la experiencia, no por la teoría.

Curiosamente los métodos tradicionales empiezan por la teoría. ¿Alguno te ha funcionado hasta ahora?

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* Una excepción a esto es la capacidad de sorprender que tiene el libro de  El pollo Pepe. No sé qué narices tiene, que cada vez que el sobrino de mi chica lo abre, grita de alegría “Pepeeee!” :D. Todo un éxito.

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