La corrupción nuestra de cada día

Estoy de vacaciones, visitando a un amigo. Para mí, eso supone estar en una casa que no es la mía; estar en una rutina que no es la mía. Bienvenida sea. Pero eso supone tener tele en casa. Levantarme con ella, acostarme con ella. E, inevitablemente, me entero de cosas que no necesitaba saber. No porque no sean importantes, sino porque realmente no le aportan nada a mi vida.

Cosas como el tema de las tarjetas negras de Bankia, o las cuentas de Putjol. Ya no solo se habla del ébola, por lo menos.

La cuestión es que cada poco tiempo salen a la luz este tipo de noticias. Que si un político corrupto por aquí, que si un banquero ladrón por allá. De hecho, están constantemente en los medios, porque los medios necesitan estirar todo lo que pueden cualquier caso para poder seguir vendiendo espacios de publicidad. Y, de paso, amargar y asustar un poco a la población.

Lo que parece que no acabamos de entender es que cuando algo sale en las noticias es, precisamente, porque es noticia. No porque sea la norma, sino porque se sale de ella. Si no, no sería noticia, sería lo común, lo habitual. Y lo común no vende periódicos. Por más acostumbrados que estemos a oir temas de este tipo… suelen ser la excepción, no la regla.

Sin embargo, en este caso, opino bien distinto. Creo que en este caso (hablo de dinero negro, defraudar a hacienda y esas cosas tan lucrativas para unos y dolientes para otros), en este caso, decía, sí es la norma.

Y no hablo de la clase política, ni de los banqueros, ni de los grandes empresarios. En absoluto, ahí creo que son excepción. Creo que la mayoría son honrados trabajadores… al menos, honrados como todos los demás. Y ahí es a donde voy.

Hablo de la población en general. De ti, de mí, de tus vecinos y de los míos. Porque nos dedicamos a criticar lo que otros hacen, por el simple hecho de que lo hacen en mayor volumen. Como si los granitos de arena no formaran montañas.

En un momento seguiré con ello. Pero antes, me gustaría hablar sobre una extraña cualidad atribuida al dinero.

 

El dinero… ¿Corrompe?

Es habitual pensar que el dinero corrompe y, que los honrados trabajadores, como no tenemos tanto dinero, no somos corruptos. Y que si lo llegáramos a tener no lo haríamos, porque somos honrados. Ajá. Siento decir que el dinero no corrompe. No transforma a la gente en ruines avariciosos. Nop. El dinero únicamente potencia tus cualidades. Si eres una persona generosa, cuanto más dinero tengas, más generosa serás. Igual pasa con los avariciosos.

Y un avaricioso es alguien que cree que no tiene suficiente. Es alguien con el chip de la escasez instalado en su mente y en su cuerpo. Creo que se puede ser avaricioso para unas cosas y generoso para otras. Todo depende de en qué áreas sientas esa escasez. Muchas veces pensamos que no tenemos suficiente dinero, y que todo sería mejor si tuviéramos más dinero. Pero ese más dinero es algo totalmente abstracto. ¿Cuánto es más dinero? Si no lo sabes, concretamente, nunca lo alcanzarás. Vivirás atrapado en la carrera de la rata. Y es posible que, aunque conozcas la cifra, te pase lo mismo.

La solución es darte cuenta de que tienes suficiente dinero. Ya tienes todo lo que necesitas. Porque, sencillamente, si no tuvieras todo lo que necesitas… no estarías vivo.

¿Significa eso que no hay que aspirar a más? ¡En absoluto! Pero para eso primero tienes que aceptar que ya lo tienes. Y, después, abrir tu mente, tu cuerpo, todos tus sentidos a la abundancia. Porque el dinero está por todas partes. Si no, ¿por qué unas personas son capaces de sacarlo, honradamente, hasta de debajo de las piedras? Porque está ahí y han sabido verlo y, lo más importante, atraerlo. Y remarco el honradamente.

Así que la culpa no es del sistema, la culpa es de nuestra limitada percepción. Y comenzar a ampliar esa percepción requiere entrenamiento.

Me gustaría hablar más sobre atraer la abundancia en este blog. No únicamente de dinero, sino de todo tipo de abundancia que uno puede atraer en la vida: salud, amor, riqueza, experiencias… Iré compartiendo aquellas cosas que para mí han supuesto un cambio. Pero no esperes soluciones rápidas. O sí, ya que lo que para uno lleva meses otro lo consigue en cuestión de días.

 

El que esté libre de pecado…

Retomemos el tema. Que parece que tiré la piedra y escondí la mano.

Hablando de piedras… que tire la primera piedra aquel que no haya defraudado nunca a hacienda. Aquel que no haya cobrado nunca ni un solo euro en negro, o B, que queda más elegante; aquel que no se haya ahorrado nunca el IVA en una factura, o que lo haría si tuviera la oportunidad. Somos muchos los que vemos normal e incluso necesario, por ejemplo, que un autónomo para arrancar su negocio y prosperar tenga que recurrir al principio a ello, sin estar dado de alta en autónomos. Porque claro, si se da de alta desde el principio, no saca ni para pagar la cuota. Que el sistema es el que es, y eso es una realidad, y el estado se pasa tres pueblos y lo está haciendo fatal, y así no hay quien emprenda, tanto que lo promueven ahora, pero como siempre, en este país, como vamos retrasados, nunca se hacen las cosas bien, y ya me gustaría a mí, pero no me dejan, y…

Claro, claro. La culpa es del sistema. No les deja otra alternativa.

Meeec. Culpable.

El sistema es el que es. Si no te gusta, busca opciones que te permitan hacerlo de forma ética y legal, socialmente responsable. Por ejemplo, con asociaciones de autónomos que facturen por ti. Te das de alta por muy poco y puedes empezar a facturar sin pagar cuota de autónomos. Aquí tienes un ejemplo, otro, y otro más. Resultan una forma sencilla de empezar cualquier actividad. Por muy poco dinero puedes empezar a dedicarte a lo que te apasiona y facturar sin líos con hacienda. También puedes facturar con tu DNI si no lo haces habitualmente y no superas cierta cantidad (creo que son, actualmente, unos 9.000€ al año). Pero infórmate muy, muy bien si lo haces así.

Sigo. Que tire la primera piedra quien no haya comprado en un chino alguna mierda que seguro que no necesitaba. Mucho más barata que su alternativa fabricada en la UE. Simplemente, porque para lo que la quiero, me vale de sobra, y cuando se rompa ya compraré otra, pero ahora me hace el servicio. Y si sus políticas medioambientales y sociales de fabricación son una mierda, no es culpa mía. Es culpa de ellos, y de las empresas que fabrican allí. ¿Qué culpa tengo yo de que Apple fabrica en China el iPhone? Yo me veo obligado a comprar un iPhone y no hay otra alternativa que no sea made in China.

Meeec. Culpable.

Ajá. Claro. Sí, sí, te entiendo. Si todos queremos muchas chorradas que, repito, no necesitamos. Y como queremos tantas, cuanto más baratas sean mejor. Qué más da las condiciones en las que se han fabricado, distribuido, vendido. Y si nos ahorramos el temido IVA, mejor.

 

Líbranos del mal…

En el fondo lo hacemos todos, o prácticamente todos. Solo alguna vez, o a menudo. Pero nos decimos que lo nuestro no importa. Lo que importa es lo de esos malditos políticos y banqueros corruptos. Esos sí que tienen la culpa. Lo nuestro no son cifras escandalosas, al menos no si las consideramos por separado. Pero el todo siempre es mayor que la suma de sus partes. Además, lo que hacen otros siempre es peor que lo que hace uno. O mejor, según para qué.

Pues quiero romper una lanza a favor de esos políticos y banqueros. Por ejemplo, en el caso que está estos días en los medios: el de las tarjetas negras. Piénsalo un momento… Llevamos toda la crisis, esa de la que no tenemos la culpa, solo los banqueros y políticos la tienen (juasjuas), toda ella llevamos oyendo y diciendo eso de que hay que reactivar la economía, de que incentivar el consumo es positivo. ¡Pues precisamente es lo que han estado haciendo estos señores! ¿Qué otra cosa hacían con esas tarjetas sino consumir? ¡Estaban reactivando la economía! ¡Sacándonos de la crisis!

Evidentemente, este último párrafo es puro sarcasmo. No tiene justificación moral lo que han hecho. Aunque tal vez sí justificación humana, ya que el ser humano no siempre tiene presente esa moral. Quiero decir, que a pesar de horrible e inmoral, es comprensible. Desde su punto de vista, al menos.

Pero dejemos de echar balones fuera; dejemos de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro. Aunque consideremos que la paja era de oro y la viga de madera barata. Pero dicen que la vida es un espejo, y que muchas de las cosas que te molestan del mundo, o de otras personas, solo están reflejando una parte de ti que no te gusta. Tal vez de cómo tú actúas con el mundo, pero más a menudo de cómo tú actúas contigo mismo. Por ejemplo, si te molesta la gente que se retrasa porque no respetan tu tiempo… ¿en qué momentos tú mismo no estás respetando tu propio tiempo?

Si es la primera vez que oyes este concepto, quédate con la idea durante unos días…

 

Empieza a mirarte en ese espejo

Tal vez desaparezcan algunos de los juicios, críticas y quejas que hasta ahora expresabas hacia el exterior.

Yo hace tiempo que abandoné muchos de esos juicios, críticas y quejas. Por supuesto hay algunos que resisten, pero a la mayoría los tengo localizados, o soy consciente muy rápido. Esa es la diferencia que marca la diferencia, a mi parecer: ser consciente. Sinceramente, me siento mucho mejor conmigo mismo y con mi día a día desde que comencé a mirarme en ese espejo que es la vida. Porque de esta forma, todo lo que ves y te ocurre es una forma de auto-conocimiento.

Pero ser consciente no basta, hay que actuar. En la medida de lo posible, y poco a poco, pero siempre con la vista puesta en ser lo mejor que se pueda ser. Seamos realistas, hay que aceptar que uno es humano, educado por humanos y viviendo entre humanos. Eso conlleva a la vez ciertas limitaciones, pero también grandes potencialidades. Así que como parte de ese camino de auto-conocimiento y de crecimiento, me propongo ser más consciente y coherente con esos valores con los que todos solemos identificarnos. Me propongo ser más responsable ética, moral, legal y socialmente. Según lo escribo parece que sea todo lo contrario, jajaja. Pero a lo que me refiero es a llevar una Responsabilidad Social Individual más consciente. Porque no solo las Corporaciones deben ocuparse de esa Responsabilidad Social. Somos todos, esos pequeños granos de arena, los que podemos formar grandes montañas.

Y ni siquiera nos hace falta organizarnos, ni que nadie nos lidere; nadie que nos diga qué tenemos que hacer y cómo. Todos lo sabemos, en el fondo. Todos somos nuestro propio líder.

Un poco más arriba he dado solo un par de ejemplos de comportamientos habituales que no cumpirían con esa Responsabilidad Social de cada uno. Pero hay muuuchos casos más. Simplemente se trata de ir cambiándolos uno a uno.

¿Qué me dices? ¿te apuntas?

No va a ser tarea fácil, pero merecerá la pena. Uno a uno, recuerda.

 

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